lunes, 5 de abril de 2010

CON VERSANDO (I)

Desde hace algún tiempo habíamos prometido que hablaríamos con José Socorro, poeta canario, que sin lugar a dudas tiene muchas cosas que contarnos.
A continuación trascribimos parte de la conversación que tan amablemente compartió con nosotros.

Desde cuando y cómo se inicia en el mundo de la poesía?
Siempre, desde muy niño, me ha gustado la poesía. Siempre he escrito poesía, antes la arrojaba a la papelera o la guardaba en un cajón hasta que descubrí el mundo de los blog hace unos años. Reconozco que tuve la inmensa suerte de tener un Profesor, Agustín Castro Merrello, que era un magnífico poeta e hizo que se arraigara en mí la poesía.


Después de leer su poesía, nos asalta una cuestión: ¿Cuáles son sus temas centrales de inspiración?
Mi tema principal de creación gira en torno a la existencia, a la lucha que se debate en mi interior entre la vida y la muerte, entre la vigilia y el sueño. Me preocupa también las relaciones unipersonales e interpersonales. Creo que no puedo estar bien con los demás si no se estoy bien conmigo mismo y esto a veces es complicado porque soy demasiado permeable con lo que ocurre a mi alrededor, reconozco que soy un derroche de fragilidad. Otro de los temas en los que centro mi poesía es sin lugar a dudas el amor, aunque en muchas ocasiones sólo se trate de un amor onírico.

Qué le llevo a publicar su poesía en la red?
Comencé haciendo un blog únicamente para mí hasta que un día decidí abrirlo bajo el anonimato. Por ello, en mi perfil edité una fotografía mía, sentado en un noray del Puerto de Mogán, de espalda mirando al horizonte. Aunque un buen día decidí darle la vuelta a la fotografía y mirar hacia tierra. El mundo editorial es demasiado complejo y hay pocas oportunidades para publicar libros, sin embargo Internet es una posibilidad estupenda para dar a conocer la obra que uno realiza.

Después de seguir y leer su poesía en su blog, ¿Cómo puede mantener esa atmósfera de particularidad todos los días desde que empezó a bloguear?
Era Picasso quien dijo que “cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando”. Todos los días escribo, escribo notas en cualquier papel o directamente en el PC. Dedico muchas horas al día a uno de mis blog, en concreto a desde mi noray. No sólo se trata de subir un poema diario, sino acoplarle una ilustración, una pintura que sea adecuada y que recoja el sentir y el sentimiento del poema y esto, de verdad, no es fácil. Paso muchas horas mirando cuadros hasta decidirme por uno en concreto. La música, obviamente, es la que me gusta escuchar asiduamente, aunque en los últimos tiempos nos lo están poniendo difícil para subir música a los blog.

Cómo concibe la poesía en la red?
La poesía en la red está plenamente asentada, hay miles de blog que se dedican al quehacer poético. Sinceramente, pienso que la red es un marco adecuado para la publicación de la poesía. Internet es una ventana abierta al mundo que nos hace más iguales y además nos ofrece la oportunidad de conocer a gente que de otro modo sería impensable. Hoy en día grandes escritores de renombre como Juan Gelman, García Montero, Ángeles Mastreta o Zoé Valdés o artistas como Ismael Serrano tienen en sus respectivos blogs una vía directa que los aproxima, y por ello los humaniza, casi a diario con el público.

Por qué llamó a su blog Desde mi noray?
Siempre me han atraído los noray, esas piezas de hierro que se colocan en los muelles para sujetar los barcos. Cuando era pequeño solía ir con mi padre al Muelle de La Luz y siempre me quedaba mirando los noray, quizás porque no comprendía que aquellos diminutos hierros pudieran sostener inmensas moles flotantes. Además, no cabe duda que la misma palabra noray es bellísima en sí misma.

Qué piensa acerca de que los cibernautas puedan leer su poesía e intercambiar pareceres en su más que interesante blog?
Después de más de dos años con los blogs abiertos, he de decir que es agradable la relación que se mantiene con los lectores, incluso he llegado a entablar vínculos de amistad con muchos de ellos que prefieren comentar directamente en el correo electrónico en vez de hacerlo en el blog. Estoy profundamente agradecido a todos y cada uno de los que me leen a diario, aunque no comente nada.





NUEVO BAUTISMO


(Crystal - CYN McCURRY)



Necesito la soledad
para crecer desde dentro,
necesito tentarla y sentirla latir
al otro lado del costado,
sabiendo que amenaza a los sueños
para convertirlos en pesadillas,
sabiendo que se desliza con sigilo
entre los versos de cualquier poema
para desangrarse en mi piel
hasta ahogarme en el silencio.

Necesito la lluvia
y las tardes grises de invierno,
necesito calarme hasta los huesos
para renacer en un nuevo bautismo
inundado de miles de palabras
que se disparan en mi cerebro,
sabiendo que la razón desnuda
es la única que teje los hilos del destino
aunque se entrelace en una telaraña
que me estrangula el corazón.

Necesito la soledad
en medio del recio aguacero
para trepar al firmamento
y empaparme de limaduras de estrellas
que me hagan continuar en el sendero
por el que sólo se puede caminar
resurgiendo cada jornada
acunando todos los silencios
que engendran las palabras necesarias
para alumbrar un nuevo día.

jueves, 1 de abril de 2010

ACERCA DE LOS DERECHOS HUMANOS

Relato de una observadora civil que visitó el Sáhara Occidental a principios de marzo

PERIODISMO HUMANO 29.03.2010 • Lydia Molina

Mª Ángels Moseguí tiene 54 años y trabaja como administrativa en una universidad catalana. Después de veinte años vinculada a movimientos de apoyo al pueblo saharaui, el 7 de marzo viajó por primera vez al Sáhara Occidental para ejercer de observadora civil junto a otros tres españoles y dos francesas, de la vuelta a casa de once activistas que habían estado celebrando el treinta y cinco aniversario de los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf en Argelia [NOTA: 34 aniversario de la proclamación de la RASD]. La observadora ha denunciado la violencia que la policía marroquí ejerció sobre los activistas a su llegada a los territorios ocupados del Sáhara. Mientras eso ocurría, la Unión Europea estrechaba lazos con Marruecos en la cumbre de Granada.

“Era la primera vez que iba de observadora, me invitaron porque buscaban testigos internacionales ante el peligro de ser apresados como los otros siete que están encarcelados en Marruecos” cuenta Mª Ángels a periodismohumano en referencia a los siete activistas a los que el gobierno marroquí detuvo en octubre al volver de los campamentos de Tinduf que están a la espera de juicio, acusados de alta traición a la patria. Cinco comenzaron huelga de hambre hace once días para reclamar su liberación.

El 7 de marzo, los once activistas que aterrizaron en Casablanca no tuvieron problemas, en un principio. “Fuimos a recibirlos al aeropuerto y empezamos un viaje recorriendo El Aaiún, Bojador, Dajla…”, territorios del Sáhara Occidental ocupados por Marruecos. Mª Ángels asegura que fueron sometidos a un férreo control policial durante todo el camino. “En Casablanca veíamos algún que otro coche blindado, pero durante el resto del viaje la presión policial era impresionante. Nos grababan en todo momento con cámaras. No dejan a los saharauis reunirse en grupos de más de cinco personas porque vienen a intimidarles”.

El viaje de Casablanca a El Aaiún fue más largo de lo que esperaban. “Cada veinte kilómetros nos paraba la policía y nos revisaba todas las pertenencias mientras veíamos pasar a otros coches sin detenerlos como a nosotros. Era vergonzoso, intentaban provocarnos golpeando el coche. Si en España me hacen eso puedo decirle que quién se ha creído que es, pero allí te tienes que callar. No sabes lo que te puede pasar. Te sientes indefensa”.

El día 9 de marzo en El Aaiún, la ciudad más importante del Sáhara Occidental, comenzaron los problemas. El grupo se dividió, unos activistas fueron a visitar a un familiar enfermo y el resto, junto a los observadores, a una reunión. “Cuando salieron de casa del enfermo se encontraron con un grupo de chicos y chicas jóvenes aplaudiéndoles. La policía empezó entonces a arremeter contra los activistas y quienes les vitoreaban. Iban con cascos y porras. Cuando nos llamaron fuimos al hospital. Les habían pegado golpes y patadas. Había una chica con la cara totalmente desfigurada, a otra le rompieron varios dientes, todos tenían heridas. Aprovechamos para sacar fotos y escondimos las cámaras porque teníamos miedo de que nos quitaran el material. Mientras salíamos vimos llegar a dos policías civiles (secretos)”.

Los heridos salieron del hospital pocas horas después. “Estuve en casa de la chica de la cara herida, tenía heridas en la cabeza, por golpes y patadas y aún así le habían dado el alta. No la dejaron en observación, la mandaron a casa diciéndole que se lavara las heridas con infusiones“.

El viaje continuó hacia Dajla. “Los activistas golpeados se incorporaron otra vez al viaje. Estaban magullados, les dolía todo. Tenían vendas en la cabeza. Cuando llegamos vinieron a recibirnos muchos saharauis y, ahí sí, la policía arremetió directamente contra nosotros. Tuvimos que refugiarnos en una casa mientras golpeaban la puerta. Fue impresionante. Al salir encontramos a 60 ó 70 policías entre uniformados y secreta controlando la zona”. Mª Ángels asegura que se sintió amenazada hasta el último día. “Cuando regresamos a El Aaiún había casi 90 agentes en la casa donde nos quedábamos, la gente empezó a aplaudir y cargaron contra ellos, tuve que gritar que pararan el coche y los observadores hicimos de escudo humano entre la policía y los saharauis”.

La observadora catalana afirma que a la vuelta, cuando fue a coger el avión, le rompieron el pasaporte. “Primero lo tuvieron dentro un rato y me dijeron que lo estaban revisando, cuando me lo devolvieron me di cuenta de que estaba roto. Al llegar a Casablanca se lo advertí a la policía y me dijeron que pasara, que no importaba. Una vez en España, me dijo un policía: Señora, que a usted la dejen pasar los marroquíes con el pasaporte roto significa que se hacen responsables de que han sido ellos quienes se lo han roto“.

Desde que volvió, Mª Ángels se ha dedicado traducir en palabras todo lo que observó aquellos días porque “aquí no se conoce la situación que están viviendo. El gobierno marroquí está violando día a día los derechos de estos ciudadanos. La gente vive con el miedo de las palizas y desapariciones, pero eso no sale de Marruecos. Hay gente afín y otra que no lo es con el tema del Sáhara pero por encima de todo eso deben respetarse los derechos humanos“.

viernes, 26 de marzo de 2010

UN MAL DÍA

Esta mañana leíamos en un pasaje del libro de Eduardo Punset, “¿Por qué somos como somos?”, la siguiente enunciación “Si el siglo XX fue el de la física, el XXI es, sin duda, el de la biología… encontrar la molécula de la vida…”
Seguimos leyendo, pero era imposible quitar de la cabeza, dicha estrofa, nos acompañaba sin querer…
Nos viene al pensamiento, que es una certeza bastante grande, porque hoy; que todo se apuesta a un bienestar desde el yo interior, las sensaciones y el escuchar a nuestro cuerpo, como parte fundamental y “medicina”, para el ser humano. Como es posible que estemos tan mal, y no vamos a hablar de los males y conflictos del mundo, hablamos del ser humano como ser, de ese interno. Estamos viviendo, relacionándonos y conviviendo, sin un sentimiento unánime de humanidad. Con esto hemos perdido la apuesta por la vida, por la alegría y por el amor. Estamos inmersos en una vida insípida, de escaparate, donde hablamos de solidaridad, tolerancia, cooperación, ayuda y paz. Desde un convencimiento de humanidad, cuando lo único que nos mueve es la aceptación. Estamos tan mal con nosotros mismos, que ejercemos la filosofía del yo interior y ejercemos políticas, bajo las bases de un sentimiento “ficticio” de humanidad. ((Y realmente tiene su lógica, pues pensando vagamente, ¿cómo vamos a sentirnos un todo, si estamos ocupados intentando saber quién y cómo somos?)) Estamos en una sociedad, (sea por la razón que sea), que nos ofrece y permite como nunca, en el trascurso de vida de la humanidad, el hecho de participar y asociarnos para trabajar por el bien común. Pero es, en cambio, cuando menos ganas y participación hay, (o por lo menos), con tan poco sentimiento y convencimiento de lo que se hace. Pero sea de la forma que sea, hagamos lo que hagamos, aún así, nos seguimos sintiendo mal…
Es como hoy, por ese mismo hecho de estar pensando sólo en nosotros, nos hemos vuelto a flagelar pensando en la jilipolles más grande del mundo. Si no hubiesemos estado tan pendiente de nosotros mismos, hoy hubiese sido un gran día, sin mayores complicaciones… ¿Será que nos queda un resto de ese sentimiento REAL de humanidad? y aunque sea por un momento, nos hemos planteado: “¿hacia dónde estamos caminando la humanidad, en qué estamos fallando para que haya tanto daño a nuestro alrededor? Qué sólo basta con dedicar un pellizquito de esa dedicación personal, a conocer y conocernos, siendo espejos de los que nos rodean, como parte de nuestro sentimiento propio y nuestra dedicación personal”. Porque eso nos hace ser humanos, nos permite tener SENTIMIENTO DE HUMANIDAD.

O es que simplemente, no hay que olvidar, que esto es tan solo hoy, y que es fruto de que hemos tenido un mal día…

domingo, 21 de marzo de 2010

UN ABRAZO

Hoy es el día mundial del Síndrome de Down.
La fecha no puede pasar desapercibida para Gran Angular porque el pasado 11 de julio tuvimos la oportunidad de colaborar en el festival fin de curso de la escuela de danza Inma Ramírez en el teatro Víctor Jara de Vecindario (Santa Lucía-Gran Canaria) para grabar las imágenes de la coreografía que Asdownsur (Asociación Síndrome de Down de Santa Lucía) brindó al público asistente al espectáculo; por cierto una coreografía, llevada de la mano de Nisamar Martín, llena de ilusión, inocencia, esperanza pero sobre todo llena de valores y compromiso social.

Parafraseando la canción de Bebe, los que tuvimos la enorme suerte de vivir tan de cerca aquellos momentos, nos adentramos en una carretera con muchas curvas que nos invitaban a viajar y recorrer un mundo por conocer.
El amor que aquel grupo de chicos-as desprendía en cada uno de sus minúsculos movimientos, fue creando una atmósfera de paz que a medida que avanzaba el baile se fue apoderando del amplio habitáculo del Víctor Jara para transmitirnos con el ánimo abierto (y volviendo a parafrasear a Bebe) que hay daños que nos enseñaran a no llorar y reconocer que hay daños que te enseñan a crecer.
En definitiva, nos enseñaron (vaya si no) a ver sus ojos aunque no estén.
Este año volveremos a tener la oportunidad de detener el tiempo y sentir como nuestra respiración se acentúa cuando estemos, cámara en mano, delante de este nuevo mundo que nos han invitado a conocer un poco más.
Gracias y un millón de felicidades a todos.

Posdata: les ofrecemos el video que surgió de aquel mágico instante.

lunes, 15 de marzo de 2010

11º FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

Este viernes 12 de marzo se puso en marcha el 11º Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria con un programa (según Claudio Utrera, director del festival) cuyas líneas maestras han sido literalmente calcadas a las cinco últimas ediciones: apoyo a ultranza al cine innovador, estrecho seguimiento a la obra de aquellos cineastas que han dejado alguna huella importante a su paso por el certamen; descubrimiento de importantes focos de creación en los rincones más dispares del planeta; inmersión en el pasado del cine para mostrar aquellos filmes que, de un modo u otro, fueron abriendo camino a los grandes cineastas contemporáneos y la voluntad permanente de servir de espejo a esa amplia oferta cinematográfica que, desde posiciones más o menos independientes, presentan hoy cinematografías tan apasionantes como, pongamos como ejemplo, la portuguesa, la brasileña, la rumana, la argentina, la coreana, la escandinava o la iraní. En la edición de este año y dentro de la sección de retrospectivas, el festival ha rendido un homenaje al reputado cineasta canadiense Atom Egoyan, del cual se podrá ver casi toda su obra cinematográfica.
El director de El dulce porvenir (The Sweet Hereafter, 1997) y Adoration (2008) entre otras, desveló que el proceso de escritura de los guiones de sus películas le resulta «misterioso». «Cuando me siento a escribir los guiones busco contar una historia y, cuando desde el punto de vista literario ya no la puedo resolver, es cuando realmente comienza mi trabajo. En ese momento es cuando la imagen se convierte en una salida», explica el cineasta canadiense a la vez que desvela una anécdota reveladora. «Tras Chloe, me puse a escribir el guión de un thriller con una trama lineal y cuando acabé de escribirlo, decidí que no tenía nada que hacer con esa historia. Que no merecía la pena llevarla a la pantalla porque ya la había resuelto literariamente», comenta el autor de películas en las que predominan unos guiones laberínticos.
Atom Egoyan nació en El Cairo en 1960 en el seno de una familia armenia, que se vio obligada a emigrar a Canadá cuando Atom tenía sólo 3 años. De niño Atom se negaba a hablar en armenio y tan sólo redescubrió su herencia cultural siendo estudiante. Esta relación ambivalente con sus raíces ofrece mucha información sobre su trabajo en lo relativo a su preocupación por los dilemas de identidad, origen y autoinvención.
Este viernes hemos podido asistir a la presentación por el propio Atom Egoyan de su última película, Chloe (2009), en las salas del Monopol, donde aseguraba sentirse muy a gusto en Las Palmas de Gran Canaria y emocionado por el nivel de la cultura en España.
Al referirse a “Chloe”, la ha considerado “un experimento”, ya que es su primera película con guión de otro escritor (un remake de Nathalie X, de Anne Fontaine).
Este último trabajo de Atom, quizás su trabajo más convencional y en el que por primera vez no hay un papel para su esposa y musa Arsinée Khanjian, es un previsible thriller erótico magistralmente coprotagonizados por la call-gril Amanda Seyfreid y por una neurótica Julianne Moore.
En la sección oficial del festival este año compiten catorce películas, cuyo origen es la otra orilla del cine porque en palabras del propio festival, comparecen para dar forma a ese contingente cada vez más amplio pero también cada vez menos visible en las salas comerciales.

viernes, 12 de marzo de 2010

EL CINE QUE NOS GUSTA

Se rompió la tradición; 82ª ediciones de los premios de la Academia de Hollywood han tenido que celebrarse para cambiar la historia y que Kathryn Bigelow se haya convertido en la primera mujer en la historia de los Oscar que consigue hacerse con el Oscar a la mejor dirección – coincidiendo con el Día Mundial de la Mujer Trabajadora- por su película “En Tierra Hostil”.
Nos alegramos muchísimo porque nos parece un paso decidido de la Academia para acercar la igualdad de oportunidades entre géneros y además porque “En Tierra Hostil” es ese tipo de cine diferente que nos gusta.

En primer lugar nos gusta porque se trata de un cine independiente, ese cine situado en las antípodas de las grandes cantidades económicas, de hecho la directora contó un presupuesto de 15 millones de dólares (11 millones de euros) para realizar esta película frente al enorme desembolso económico que supuso su película rival “Avatar”, pudiendo afirmar aquello de “David venció a Goliat”.

Y en segundo lugar nos gusta porque se trata de una película antibélica que habla de las relaciones humanas y en este caso en concreto nos describe el perfil psicológico de un personaje que se enfrenta a sus propios miedos en la guerra de Irak y que además está dotada de unas elevadas dosis de suspense y de un magnífico lenguaje narrativo – dentro este drama árido y comprometido, la directora tiene ciertos momentos para el humor- , de un ritmo por momentos desenfrenado (la primera hora y media pasan volando), de un juego de cámara envidiable (cámara lenta, cámara en mano, multitud de secuencias de planos nos dan una información exquisita a cada momento y nos transmiten la atmosfera adecuada) y no digamos nada de los efectos de sonido.

En definitiva, creemos que “En tierra Hostil” es ese tipo de película que por sus características pasará a convertirse en un clásico del cine, de ese cine que nos gusta.

lunes, 8 de marzo de 2010

UNA CUESTIÓN DE DERECHOS

Cada 8 de marzo se celebra en todo mundo el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, un día para seguir sensibilizando “a una parte de la sociedad” que la mitad de la población mundial tiene los mismos derechos que el hombre.

Un día como el de hoy se recordarán las luchas de cientos de mujeres que han dejado sus vidas por la conquista de sus derechos laborales, pero sobre todo por el reconocimiento y el respeto dentro de sus respectivas sociedades.

Hoy saldremos a la calle y la encontraremos llena de manifestaciones, de homenajes, de actos públicos y reuniones para reivindicar que la mujer esta aún muy lejos de participar en la sociedad con las mismas posibilidades que el hombre.

Hoy será el día de recordar la igualdad en el desarrollo, en las libertades y en los derechos de la mujer trabajadora.

Por estas y muchas otras razones, desde Gran Angular queremos
simbolizar esta lucha en una mujer capaz de defender la libertad de los derechos humanos anteponiéndolos al valor de su propia vida.
Esta mujer no es otra que la activista saharaui Aminatou Haidar que este fin de semana clausuró la conferencia internacional en apoyo al pueblo saharaui que se celebró en Granada y quién en alusión a la huelga de hambre que concluyó el pasado 17 de diciembre afirmó; “Mi amor a la vida no me subyugó”.

jueves, 25 de febrero de 2010

ORLANDO ZAPATA TAMAYO

El prisionero de conciencia cubano Orlando Zapata Tamayo murió ayer en La Habana tras pasar 85 días en huelga de hambre, confirmaron fuentes de la disidencia, que acusaron al Gobierno de permitir su muerte premeditadamente. "Es una terrible tragedia, la muerte de Orlando fue perfectamente evitable. Puede considerarse que ha sido un asesinato con ropaje judicial", declaró anoche Elizardo Sánchez, presidente de la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.
Zapata, de 42 años, fue detenido en 2003 en el marco de la
redada que llevó a 75 opositores a prisión acusados de conspirar con EE UU. Las condenas fueron muy altas, hasta de 28 años de cárcel, pero Zapata en realidad no pertenecía al llamado Grupo de los 75, sino que fue sentenciado a tres años de prisión por desacato, desorden público y desobediencia.
Fuentes del movimiento de derechos humanos aseguran que debido a su actitud de desafío a las autoridades en prisión fue acusado de nuevos "delitos" y así fue sumando condenas hasta casi una treintena de años. Zapata dejó de ingerir alimentos sólidos a principios de diciembre, en protesta por lo que describió como continuas golpizas de los guardias y otros abusos en prisión.
Zapata era de raza negra y de profesión albañil. "Su procedencia era muy humilde, y desde hace tiempo familiares y prisioneros alertaban de su precario estado de salud y pedían que se le tratase como un caso humanitario", aseguraron ayer fuentes diplomáticas. Fuentes de la familia dijeron hace días que estaba siendo alimentado por vía intravenosa contra su voluntad.

Nos parece un fallo irreparable de la humanidad que Orlando haya dado la vida por
su libertad, algo al menos, tendrán que reconciderar.
La bloguera cubana Yoani Sánchez difunde un vídeo en su blog Generación Y con Reina, la madre de Orlando Zapata Tamayo. Sin apenas luz, la madre del fallecido habla con entereza de la angustia y el dolor por la muerte de su hijo, preso desde 2003.

viernes, 19 de febrero de 2010

LA SUPERVIVIENTE

Bahia Bakari, una adolescente francesa, aparentemente frágil, que ahora tiene 14 años, muy tímida, buena estudiante, fan de los Jonas Brothers, cuenta su milagrosa historia con un hilo de voz, pero sin titubeos, sentada en la lavadora de la cocina de su casa de Corbeil-Essonnes, una localidad situada a una veintena de kilómetros de París. Al principio no tiene ganas de volver a recordar el accidente pero luego se anima explicándose cosas a sí misma y acaba sonriendo a veces. Su padre, Kassim Bakari, de 42 años, se encuentra al lado, atento a lo que dice su hija, a las reacciones de su cara, protegiéndola de todo, como ha hecho desde el día en que se enteró por un telefonazo urgente de que, tras haberla dado por muerta junto a la madre, su hija había sobrevivido al accidente.
Todo empezó el 29 de junio pasado, cuando Bahia y su madre Aziza salieron de casa en dirección al aeropuerto parisiense de Charles de Gaulle para acudir a una boda muy lejana. El destino final del viaje era las islas Comoras, la tierra de origen de la familia, el lugar en el que nacieron el padre y la madre de Bahia en la década de los sesenta. Los 1.300 euros de cada billete obligaron a seleccionar y el padre decidió que volaran sólo su mujer y su hija mayor en representación de los Bakari para acompañar a un tío suyo que se casaba en una semana.
Llenaron una maleta entera con regalos franceses; otra con ropa de verano. Desde París volaron hasta la ciudad de Marsella; de Marsella, en otro avión similar, a Sanáa, en Yemen. Allí, la compañía Yemenia Airlines les cambió de nuevo de avión para la última parte del viaje. El aparato, un viejo Airbus 310, sin permiso desde 2007 para volar en Europa por determinadas irregularidades detectadas por las autoridades aeronáuticas francesas y confinado a trayectos africanos menos exigentes, constituía lo que los comoranos, acostumbrados a esa compañía aérea, denominan "aviones basura" o "aviones ataúd". Bahia lo describe a su manera:
-Olía mucho a váter. Y había moscas dentro.
En un principio, a Bahia le correspondió un asiento situado lejos de su madre. Tras hablar con las azafatas, pudo cambiarse y sentarse junto a ella, al lado también de la ventanilla.
-No noté nada especial en el vuelo. Estaba muy cansada, muy aburrida. Llevábamos más de 14 horas de viaje desde París, en tres aviones distintos. Tenía muchas ganas de llegar. Recuerdo que me levanté para ir al servicio, que volví, que me senté y que las azafatas dijeron entonces que nos preparáramos, que íbamos a aterrizar ya. Ellas se sentaron en sus sitios y se ataron los cinturones. Las noté tranquilas. Yo me até el mío. Recuerdo perfectamente que me lo até. Miraba por la ventanilla, muy inclinada sobre el cristal, para descubrir las luces del puerto...
Entonces oye un ruido insoportable parecido al que hace una tela al rasgarse. Siente una suerte de aspiración gigante y una descarga eléctrica en su sistema nervioso que la deja inconsciente. El avión acaba de estrellarse en el mar sin que aún se sepa exactamente por qué. Nadie ha dado aún con las causas de este accidente, todavía con un juicio pendiente.
Bahia despierta en el agua. Bucea, sale a flote. Tose, escupe, grita. Nada unos cuantos metros gracias a los conocimientos de natación de las clases de piscina del instituto. No recuerda el momento de caer, no recuerda el golpetazo contra el mar. Tan sólo el hecho de verse de pronto debajo de las olas.
-Oí gritos de varias mujeres que pedían socorro cerca de mí. Me fijé por si venían a rescatarlas y luego a mí. Pero no pude orientarme. Luego todo se quedó en silencio. Vi cuatro trozos del avión a mi lado. Elegí uno que tenía una ventanilla porque era el más grande.
Trata de subirse a él, pero la plancha de metal no tiene superficie suficiente y se desliza por debajo de ella o acaba hundiéndose. Se resigna a quedarse recostada, con la cabeza y el torso apoyados en la plancha pero con las piernas sumergidas. Nota que el mar sabe a gasolina. No repara en el queroseno que la rodea, liberado por el avión tras el accidente. No hay fuego, ni llamas, ni luces cerca o lejos, ni luna en el cielo. Bahira recuerda una noche cerrada y silenciosa en la que acaba de ingresar de golpe sin comprender aún cómo. Imagina tontamente la maleta llena de regalos para los parientes de la boda hundida en el mar. Siente que le duele el ojo izquierdo, que le pesan las piernas, que los pantalones vaqueros y los botines se han convertido de pronto en una condena, que no puede mover el cuello hacia la derecha, que le duele la cadera.
-Al principio no pensé demasiado en lo que me había pasado. Por la noche no reflexioné mucho. Tan sólo tenía miedo de una cosa: de los tiburones.
Trata de no dormirse porque también tiene miedo de soltarse de la plancha y hundirse. Pero no puede evitarlo y se adormece, brutalmente agotada, sin haber pensado aún mucho en lo que le acaba de ocurrir.
Es entonces, mientras su hija flota de noche en medio del océano subida a un trozo del avión con ventanilla, cuando su padre, Kassim, recibe la primera de las llamadas angustiosas de esas horas. En París son entonces las tres de la madrugada, dos horas menos que en las islas Comoras. Una amiga francesa le pide que ponga la televisión en ese momento. Él obedece. Cambia de cadena, una detrás de otra, al no encontrar nada interesante: entonces repara en la leyenda roja de alerta que luce un canal de noticias, que informa en un teletipo escueto de que un vuelo de Yemenia Airlines con destino a Moroní ha desaparecido de la pantalla de los radares hace poco más de una hora. Permanece imantado a la televisión hasta que amanece. Entonces decide llevar a sus tres hijos pequeños a casa de su hermana y encerrarse en su domicilio a la espera de noticias. Hay familiares que acuden al aeropuerto, bloqueado por un grupo de hombres indignados también originarios de las Comoras que protestan por el estado de los aviones en que les obligan a viajar a Moroní.
Mientras, en la parte del mundo en la que Bahia vaga a la deriva, entre las islas Comoras y el continente africano, ha amanecido hace tiempo. Milagrosamente, Bahia, la adolescente delgada y de apariencia frágil, no se ha desprendido del trozo de avión que le sirve de balsa a pesar de su semiinconsciencia. No sabe cómo lo hizo, cómo lo consiguió: pero sigue viva, abrazada a la plancha metálica con ventanilla. Aún tiene en la boca el sabor metálico de la gasolina. Siente que hace mucho frío, cada vez más.
Entonces, a la luz de la mañana, auxiliada por cierta lucidez que le aporta el haber dormido y descansado algo, Bahia descubre lo sola que se encuentra en medio del océano.
-Pensé que yo era la única que había salido del avión. Que tal vez por inclinarme tanto para ver cómo aterrizaba me había caído, no sé cómo, a través de la ventanilla. Pensé que mi madre debía de estar muy preocupada en el aeropuerto, con los otros pasajeros, sin saber dónde estaba yo, por dónde andaba. Cuando recordé las voces de las mujeres que pedían socorro, que yo había oído por la noche, pensé que las había soñado, que eran una pesadilla. Era difícil saber lo que era un sueño y lo que no.
Con el amanecer, las islas Comoras se han movilizado para acudir al rescate de las víctimas del accidente. También Francia que, desde la cercana colonia de la isla de Mayotte, ha enviado aviones de reconocimiento. Hay buques militares, viejos barcos de pescadores que salen en ayuda de las víctimas a pesar de que el mar se encrespa cada vez más, a cada minuto. Los patrones llevan anotadas las coordenadas servidas por los aviones que ya han rastreado la zona y aseguran haber visto restos del Airbus. Todos saben que no hay mucho tiempo: las corrientes marinas, lejos de avanzar hacia la costa de las islas Comoras, lo empujan todo en dirección contraria, hacia Tanzania, a una velocidad constante de 80 kilómetros en un día. Esto significa que la carrera no es sólo contra el temporal que parece echárseles encima, sino contra el reloj.
Bahia, a su manera confusa e instintiva también se da cuenta de eso: comprueba que la costa verde que al principio de la mañana descubrió al frente se aleja cada vez más sin que pueda hacer nada por impedirlo. Ya ni siquiera bracea. Las piernas se le han vuelto de plomo y comienzan a dolerle. El ojo izquierdo no ha dejado de dolerle en ningún momento. Le empieza a doler también la cadera a cada movimiento. Sigue sin poder torcer el cuello. Tiene sed, debido a que cada vez traga más agua salada con sabor a queroseno por la creciente envergadura y violencia de las olas. Y hambre: su última comida fue un pollo indigesto y una ensalada de muy mala pinta que les ofrecieron en ese avión de saldo y que su madre le obligó a comerse por entero. El balanceo de la plancha en la que vaga sujeta es más pronunciado. Cada hora que pasa es más difícil evitar que el mar la devore debido a su propia debilidad creciente.
-Oía aviones. Luego me he enterado de que siempre era el mismo avión, que recorría la zona en busca de supervivientes. Pero yo no lo sabía. Creí que eran aviones diferentes, que simplemente pasaban por ahí.
Hay decenas de barcos que buscan por el área acotada. Algunos encuentran cadáveres, restos del avión que flotan a la deriva. A bordo del pesquero Hishima, un marinero llamado Líbouna Selemaní descubre algo encima de una plancha de metal que navega a unos centenares de metros de su posición. El potente oleaje le despista, pero luego vuelve a verlo. Da la voz de alarma, grita al cuerpo que se balancea a lo lejos. Le arrojan un salvavidas que se queda flotando cerca sin que la persona que permanece encima de la plancha se moleste en mirarlo. Da la impresión de que está muerta.
-Oí gritos, vi el barco de unos pescadores. Era ya después de mediodía. No recuerdo bien, porque yo me dormía y me despertaba agarrada a la plancha. Oí que me gritaban "ven" o "por aquí", pero yo no podía hacer nada, no tenía fuerzas ni siquiera para levantar la mano. Me encontraba casi desmayada.
Selemaní no se lo piensa mucho y se arroja al agua con un cabo de cuerda en la mano. Llega nadando, no sin dificultad, hasta Bahia, que no recuerda muy bien el momento en que el marinero consigue agarrarla poniéndole una mano en el hombro. Le habla: "Tranquila, no te muevas. Te vamos a sacar de aquí".
La arrastra hasta el barco. La izan. La refugian en el camarote del patrón. La ayudan a despojarse de los botines, de los pantalones vaqueros, de la sudadera empapada y fría. La envuelven en cuatro mantas. Tirita. Siente escalofríos. El patrón le hace una cura de urgencia en el ojo herido. Le ayuda a vomitar varias veces el agua salada y el queroseno que almacenaba en el estómago y que funciona como un veneno. Ella da su nombre y el de su ciudad a los pescadores. Pregunta por su madre, convencida aún de ser la única persona que se ha caído del avión y no la superviviente de un avión destrozado. Sin precisar mucho, le contestan que la espera en el aeropuerto. Le dan algo de comer y algunos vasos de agua azucarada. Después se duerme, exhausta, sin saber todavía lo que le ha ocurrido, después de haber flotado más de ocho horas a la deriva completamente sola y en silencio, aterrorizada por los tiburones de su imaginación y por la amenaza real de ahogarse.
La noticia de que existe un superviviente del monstruoso accidente de avión da la vuelta al mundo, al principio con un error de bulto. Alguien desde el barco comunica que han rescatado a una niña y alguien en el puerto entiende que se trata de un bebé. Han de pasar aún varias horas hasta confirmar que la milagrosa superviviente es una adolescente de 13 años, delgada, con nombre y apellidos, que vive en las afueras de París.
Ése es el segundo telefonazo de urgencia que recibe el padre de Bahia en menos de diez horas. Un amigo de las islas Comoras que acaba de enterarse, le pregunta a bocajarro, casi sin saludar:
-Kassim, ¿cómo se llama exactamente tu hija, la del accidente?
Bahia llega a un hospital de Moroní. Los médicos la diagnostican heridas en un ojo, quemaduras en la mejilla, quemaduras en las piernas y una clavícula y una cadera rotas. A falta de hemorragias internas, nada grave.
Bahia todavía cree que ella sola se cayó del avión, que éste aterrizó sin problemas hace horas, que su madre vive. Por eso no entiende qué hace allí, a su lado, una psicóloga. Ésta le explica que hay muchas probabilidades de que se sienta culpable después de haber sobrevivido a un accidente de avión. Sorprendida, confusa, extrañada de esa frase algo enigmática, Bahia le pregunta por qué no está ahí su madre, y la psicóloga le responde, brutalmente, que no hay más supervivientes, que ella es la única persona viva que ha salido de ese avión.
Bahia habla poco de su madre. No quiere que le pregunten por ella. Su familia, durante mucho tiempo, tampoco lo hizo. Era, según cuenta, una manera de conjurar su ausencia, de sufrirla cada uno por su lado. Explica que el golpe de enterarse de que su madre había muerto en el accidente fue mucho más grande y más doloroso que el que sintió al desintegrarse el avión, peor que la noche pavorosa que padeció a la deriva en medio del mar.
El resto de la historia es simple: regresó en el avión de un ministro francés que acudió a interesarse por ella y a hacerse la foto, se reencontró con su padre, dividido entre la angustia de haber perdido a su mujer y la alegría de haber recuperado a su hija mayor; convaleció durante varios meses en un hospital de París, se le cerraron de nuevo los huesos de la clavícula y de la cadera, se le curó el ojo, las quemaduras leves de la mejilla y las graves de las piernas. Volvió a su casa y recuperó la vida cotidiana: su instituto, sus amigos, sus notas brillantes de alumna modelo.
Sigue siendo tímida, como recuerda el padre, que también resalta el inmenso deseo de vivir y el instinto de superviviente y la tenacidad que demostró en las horas sufridas después del accidente y en los días y meses que siguieron. En algún lugar de la casa guarda el teléfono de varios psicólogos especializados que le dieron en el hospital para ayudar a Bahia, pero no los ha utilizado por ahora.
Ella sonríe de una manera tristísima y esconde la cara porque todo esto le recuerda a su madre, cuyo cadáver nunca fue encontrado. Asegura que casi todos los días se acuerda del accidente, de la noche agarrada a la plancha con la ventanilla. Pero necesita terminar ya de contarlo. Hay cosas más importantes que hacer para una chica de 14 años: el futuro, que esta tarde tiene forma de un amigo que llama, que espera abajo y que les mete prisa a ella y a su padre para que salgan de casa. Se levanta de la lavadora de un salto.
-¡Papá, vámonos ya, tenemos que irnos al cumpleaños, lo prometiste!

Por Antonio Jiménez Barca, periodista de El País.

sábado, 13 de febrero de 2010

FISAHARA 2010

FiSahara 2010 ya tiene fecha! Será del 26 de abril al 2 de mayo, repitiendo un año más en el campamento de refugiados saharauis de Dajla. Durate una semana y con el cine bajo las estrellas del desierto como escenario, atraeremos las miradas hacia Dajla, el campamento de refugiados más alejado de todos.
La edición de este año será otra prueba de superación para todos. Para el pueblo saharaui, para el Frente Polisario
, para la organización, para los actores, directores y realizadores que colaboran y participan, para los proyeccionistas, para la prensa nacional e internacional, para todos...
Si adversidades como la espalda y el silencio del gobierno Español o la mezquindad del marroquí no han podido otros años con el festival, ¿va a poder la crisis? Seguro que no. Entre todos, lo sacaremos adelante, porque se trata del único festival de cine en un campamento de refugiados, el único festival de cine que tiene más estrellas, el único festival del mundo que nació con vocación de extinguirse cuanto antes y porque es todo un acontecimiento cultural para los saharauis, no sólo para los de Dajla, sino de otros campamentos que recorren cientos de kilómetros para participar en el evento. Por todo eso, por las sonrisas de los niños cuando llegamos con los camiones, con los jeeps cargados de películas, medicamentos e ilusión, merece la pena todo el esfuerzo para estar en el FiSahara 2009.
Por ello a los interesados en vivir la experiencia de la VII edición del Festival Internacional de Cine del Sahara decirles que las inscripciones se abrirán en este mes de febrero 2010, en su segunda quincena.
Pero desde ya mismo, para asegurar la plaza, se puede enviar un e-mail a la dirección de correo electrónico del festival
producción@festivalsahara.com con el nombre completo, nº de teléfono y dirección de e-mail y de esta forma estarán haciendo la preinscripción y cuando llegue el momento de la apertura del proceso de inscripción serán avisados.
Desde la asociación cultural canaria Gran Angular, allí nos veremos.